Toda el agua que se utiliza en el riego contiene cierta
cantidad de sales disueltas. La aptitud del agua para riego depende en general
de los tipos y cantidades de sales que contiene. Todas las sales de las aguas de
riego tienen un efecto sobre las relaciones planta-suelo-agua, las propiedades
de los suelos e indirectamente en la producción de las plantas.
Quien utilice el agua de riego debe conocer los efectos de la
calidad del agua y las prácticas de riego tienen sobre:
1.
El contenido de sales(salinidad) de suelo.
2.
La concentración del sodio del suelo.
3.
La rapidez con la que el agua penetra en el
suelo.
4.
La presencia de elementos que pueden ser tóxicos
para las plantas.
Es difícil aislar estos factores unos de otros debido a que
algunos de ellos están interrelacionados.
Riego
El agua de riego se aplica al suelo para reabastecer el agua
que pierde por evaporación, o es removida por las plantas en crecimiento y, en
menor grado, por el drenaje vertical fuera de la zona radical. Se aplica de
varias maneras. El método de aplicación depende principalmente de las plantas
que se cultiven, de la profundidad y textura de suelo, la topografía del terreno
y el costo del agua. La cantidad de agua utilizada y la frecuencia con la que
se aplica son determinadas por las necesidades de las distintas plantas y la
necesidad de proporcionar a veces una lixiviación profunda para evitar la acumulación
de sales dentro de la zona radical. Por tanto, la práctica de un riego exitoso
demanda e manejo cuidadoso tanto de las plantas como del agua.
Comportamiento de la humedad del suelo
En un suelo bien drenado, el agua se adhiere principalmente
en forma de una película en torno a cada partícula de suelo. Cuanto más delgadas
sean estas películas, el agua se adhiere con mayor firmeza y mayor es la fuerza
de succión que se necesita para removerla.
Inmediatamente después de regar las películas de agua son de
mayor espesor y, en consecuencia, no son retenidas con fuerza en el suelo. A esta
condición se le denomina porcentaje de saturación.
Transcurridos dos o tres días, cuando el drenaje ya es
libre, casi la mitad del agua que está débilmente retenida penetra las capas
más profundas del suelo, y prácticamente cesa el drenaje libre. El contenido de
humedad en este punto se denomina capacidad
de campo. Las películas de agua son ahora más delgadas y son retenidas con
mayor firmeza.
Por debajo de la capacidad de campo, la gravedad deja de ser
una fuerza importante en el movimiento del agua en el suelo. Casi toda el agua es
extraída entonces por las raíces de las plantas en crecimiento. Las plantas son
capaces de remover casi la mitad del agua retenida en la condición de capacidad
de campo. En este punto, el suelo retiene la humedad con tanta fuerza que las
plantas no pueden extraerla, por lo que se marchitan. Este punto se denomina
porcentaje de marchitamiento permanente.
El contenido de humedad de un suelo saturado con agua, es
decir, su porcentaje de saturación, es casi dos veces a capacidad de campo y
casi cuatro veces en porcentaje de marchitamiento permanente. Esta relación que
se establece entre el porcentaje de saturación, la capacidad de campo y el porcentaje
de marchitamiento permanente es precisa con respecto a los fines prácticos en
el caso de todos los suelos, desde los margas arcillosos hasta los margas
arenosos.
Un suelo muy húmedo posee una película de agua de gran
espesor y, en consecuencia, se necesita una baja fuerza de succión. Por el
contrario, un suelo seco tiene una delgada película de agua y muestra una gran
fuerza de succión. Por esta razón, el agua se desplazará de un suelo húmedo a
un suelo seco, pero lentamente.[1]
[1]
Tomado de Soil Improvement Committee California Fertilizer Association. 1995.
Manual de Fertilizantes para Horticultura
Editorial UTEHA NOREIGA EDITORES, México. pp. 27-29.
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